sábado, 24 de julio de 2010

Las Ratas



Corría el año del señor 1626. En Marseille, siempre se había celebrado al llegada del otoño con una gran fiesta donde todos lo vecinos del lugar encendían una gran hoguera alrededor de la cual comían, bebían y bailaban alegres hasta caer agotados para despedir el verano. Hoy esa hoguera representa el dolor de un pueblo que se ahoga en el sufrimiento y en el llanto de sus hombres, mujeres y niños.

El turno de llorar me ha llegado hoy también a mi, por mucho que he intentado contenerme mojo con mis lágrimas el cuerpo sin vida de mi pequeño François al que llevo en mis brazos a la maldita hoguera donde han de quemarlo. A medida que me acerco el hedor se hace mas intenso volviendo el aire casi irrespirable. La gente vaga por las calles como cadáveres que caminan haciendo tiempo porque el dedo de la muerte ya los ha tocado. Unos hombres arrastran el cuerpo sin sin vida de una mujer a la hoguera mientras su hija llora aun agarrada a las faldas de su madre muerta. ¡Hijo mio perdoname porque te dejo en brazos de extraños y no puedo acompañarte pero tu madre querida me espera en casa!

Cuando abrí la puerta y entre al dormitorio ni siquiera abrió los ojos. Todavía no se había despertado. Me acerque par ver si seguía viva, ya se había vuelto una costumbre comprobar si respiraba... Si, seguí viva, pero la muerte ya le había robado el color de su piel y su sonrisa. Ni se había enterado que me había llevado al niño de sus brazos. Mi pobre Simone, cuando va a sufrir si abre los ojos a esta realidad que nos sacude sin piedad, eso si logra salir del lúgubre sueño que el que se haya sumergida. ¡Dios misericordioso! ¿Porque me castigas de esta manera? ¿Porque me arrebatas los que mas amo? A mirarme al espejo me doy cuenta que mi estado también ha empeorado. Los bubones están cada vez mas grandes y tiene peor aspecto. La muerte negra no perdona a nadie, solo las malditas ratas parecen sobrevivir en este circo de muertes. Simone habla en sueños, me llama, me habla de nuestro amor y canta una melodia que siempre andaba tarareando por la casa. Nunca podre olvidar la primera vez que la bese...

Ese día lo pase destras de ella pidiéndole un beso, esta andaba con su prima y al llegar a la playa donde tenian que recoger pescado,Simone se paro en seco y mirándome furiosa me dijo: - Acercate insolente, toma tu beso y dejame tranquila, tengo mejores cosas que hacer que andar corriendo por ahí perseguida por un energumeno que va gritando a los cuatro vientos que se muere por un beso mio.¡Tomalo y vete!- Y dicho esto se quedo recta como una tabla y cerro los ojos esperando a que me acercara y eso hice. Abrí sus labios suaves como pétalos de flor con dulzura, jugando a abrirlos con los mios, intentando despertar en ella algún tipo de sensacion. La apreté contra mi cuerpo, sentía su corazón palpitante debajo de su blusa y explote y la pasión contenida de transformo en beso haciendome perder casi la cabeza. Ella a punto de desvanecerse se agarro a mi cuello y no le quedo mas remedio que rendirse a la evidencia de que también me deseaba. Terminamos rodando por la arena ante la mirada atónita de su recatada prima. Ese día supe que estaría con ella para siempre.¿como poder vivir sin sus ojos de abismo, sin su larga y sedosa melena y sin su piel de nata?

La muerte me arrebata a mi amor, pero no puedo permitir que se vaya sola...

Me he acercado a besarla y el frió de su piel me ha quemado los labios. Debo de haber pasado horas observandola y mi amor se ha marchado sin que me diera cuenta.
Cierro sus ojos de hierba escarchada y me tumbo a su lado. Nada me queda mas que unirme a ella y mi puñal me facilitara el camino. Además, yo ya estoy muerto...

1 comentario:

  1. Este tambien lo escribi para una revista literaria, es de las misma epoca que el Beso de la Sirena.

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